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XIV

Un mundo abandonado a su suerte, porque nadie ni nada cuida de él, olvidado por los cielos y expulsado del averno, es un objeto de fascinación continua, frágil, efímero, reino de la contingencia y el azar, lleno de instantes singulares y delicados. Tanto puede inspirar un sentimiento peculiar de ternura y piedad, como provocar pánico, causar miedo o suscitar toda una gama de sentimientos que oscilan entre el rechazo y la angustia. Los seres que pueblan este mundo, por necesidad también abandonados y que viven inmersos en el abandono, apenas tienen tiempo de aparecer, agruparse como pueden, tejer un número limitado de relaciones débiles y fugaces, y desaparecer como si nunca hubieran existido. Pero la energía potencial que estalla en cada aparición, y se consume en cada desaparición, ilumina el planeta con la fuerza de mil soles, energía incalculable, fuera de control, de lo singular y la singularidad.

X

A causa de un descuido, el conductor del tren ha dejado el interfono abierto; el ruido producido por la estática llena el vagón de pasajeros, mezclado con el sonido del tamborileo de sus dedos al seguir una música que sólo él puede oír. Una joven cruza las piernas y reclina su cabeza hacia la ventana; cierra los ojos y deja caer lentamente sus cabellos teñidos, hacia un lado de la cara, para que la luz no la moleste. Detrás suyo, una mujer está de pie, apoyada en la pared; las piernas al descubierto dejan visible, por encima de la rodilla, el músculo que hace pequeñas contracciones, como si tuviera voluntad propia, a destiempo de las oscilaciones del cuerpo. A la derecha, el reflejo de un fluorescente, en la cabeza límpida de un hombre, crea una línea blanca radiante en el cráneo, aura eléctrica parpadeante; ajeno a este hecho, teclea nervioso el portátil. - ASÍ ES EL MUNDO, la serie y la colección de los detalles hilvanados en el tiempo y en el espacio, el tejido de la vida, frágil, delicado y efímero.